Aquella mañana, tan plácida y cálida
En un septiembre que parecía diciembre, nos encontramos cara a cara
Estabas absorta en la espiral de las fuentes
Como si un suspiro doliente se te atascara en la tripa
Pude apreciar tu contorno y tu mirar insolente
Como si un terremoto se acurrucara en tu frente
-"¿A dónde vas tan silente?"
Dije a tus aires de musa
Y me respondiste confusa con un “no sé que” impertinente
-“eres como una melodía”
dije con intensiones latentes
-“eres como la ternura que se le esconde en los ojos a la gente”
Y te reíste con rabia y un escozor evidente
Tu cuerpo estaba en silencio
Más gritaba tu mente
Y vi aquel aliento dormido entre tus pechos hirvientes
Vi como hacías un corte con tu mirar de serpiente
Se me ocurrió hechizarte, darte razones sin prisa
Pero al darme cuenta te escapaste por la cornisa y me dejaste ferviente
De tu color quedó algo que se impregnó de repente
Inevitablemente entre mi pluma y mi espina, haciendo llorar mi intemperie
Como del pan y del vino y perdona a este insolente, come mi cuerpo y mi sangre y hagamos de esto un asunto pendiente.
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