Que cuando me voy de mí me encuentro con ella, o con una imagen o un sueño de ella
Sobre mi, o a mi alrededor
Creo que me desprendo de mi piel, cuando pienso en su piel, en el momento exacto en el que no distingo cuál es la suya y cuál es la mía
Y me imagino en este instante, el color de su calor en mi pelvis y el estruendo cósmico de la marea encerrada en su vientre, estrellándose en los peñascos de mis ganas de ella
Creo que este viaje astral sólo me hace vibrar a una frecuencia distinta, haciéndome flotar en sus recuerdos como el humo sobre el café y los ceniceros, ese humo que se pierde en sus labios cuando se sienta a recuperar el aliento, ese aliento que debería derramar en mi boca y en mi oído
En mi pecho y en mis manos, en mi ombligo y en las esquinas de mis muebles y en lo profundo de mi almohada
Y eso, me perdí, pero me perdí en las aceras teñidas de su olor, haciendo palidecer las luces de Navidad que coleccionan polvo entre mis cejas
Ella grita y yo soy hombre por unos segundos
Se deshace en mis extremos y se vuelve solida entre centellas de piel y sudor
Sus ojos se asoman por las ventanas de sus cabellos, brillando húmedos y perdidos, buscando el cielo y el suelo que dan vueltas en su lengua
Cuando roza mi lengua, cuando las puertas de sus temores se deshacen en el calor de mi fricción
Se transforma en miles de paisajes, siempre son segundos y espasmos caminando de la mano por el camino empedrado de mis sábanas y mis cortinas
La oscuridad envuelve la ternura con la que mis huellas digitales componen secuencias, arpegios y contratiempos en sus caderas
La siento vibrar entre mis placas tectónicas, abriendo grietas en mi pecho, lanzándose al vacío colgándose de mis cabellos
Y sus manos se aferran a mi espalda hecha de papel y manchones de tinta
Me gusta vela fumar, domar el fuego con sus labios como cuando lo hace con las llamas de mi vientre
Me gusta verla, estirar sus piernas y torcer los dedos de los pies mientras sonríe, como si fueras solo ella la que nada en las orillas de mi cama
Pierdo la cabeza cuando baila, con todo el peso de sus curvas por el suelo y el polvo de mi madriguera
Y no le importa nada más que su cuerpo y el mío, haciendo un infinito con nuestros labios, enjuagando los minutos con el vaho de nuestras obsoletas soledades
Sé que es así, porque lo veo en sus dientes que intentan desgarrarme, cada vez que estoy en ella sumergido en mí, desde la cabeza hasta los miedos
Me dejo llevar por la corriente de sus manos, y el brillo naranja del pitillo me recuerda a esa chispa que se encendió en mi cuando vi su alma desnuda en un folio perdido
Se bien que nunca en mi vida había visto una sonrisa capaz de eclipsar mis tardes, limpiar los platos sucios de mis calamidades y exorcizar a las bestias de mis mentiras
Hasta que la vi a ella, luchando a capa y espada por los trozos de una vida que se nos escapa con cada café y cada calada
Y cuando cabalga mis intenciones, es dueña de todo lo que no toca el sol en mi sabana
Ella hace que suspire canciones que de niño me hicieron suspirar sin ser canciones
Construyendo con su voz entrecortada
Un jardín de tonterías teñidas de romance que no pienso dejar morir
Aunque se duerma el temblor de nuestras manos
En resumen, querido limbo, mi objetivo es que no haya un solo lugar en esta casa en donde no se haya corrido.
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