Frente a un farol intermitente, entre casas abandonadas que se las come el salitre de un puerto insipiente
Veo un trozo de mar envenenado, enmarcado entre dos torres de concreto almidonado
Vivo en lo más alto de lo más bajo, con muebles prestados y vestido con ropa que me han regalado
En las tinieblas me agito, con la serpiente en la tripa que me devora las mariposas
Hasta el viento me ha abandonado y en mis insomnios presiento que soy el único vivo en este barrio de muertos
El cielo es negro como el mar, todo un maldito disfraz que de madrugada me escuece
Se queman las montañas a mis alrededores y los colegas del alma se han ido de bares a probar nuevas lenguas y nuevos placeres
Y me he quedado solo, marchitándome de calor por hacerle caso a una imberbe
Por dejarme convencer y empezar a creer que compartir una cama era mejor que volver a la casa a las 6 am
Hoy pago con sudor y con rabia las infamias lejanas y las traiciones cercanas de aquellos que creyeron conocerme.
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